Cardenal Raúl Silva Henríquez

Cardenal Raúl Silva Henríquez, Tributo a un Valiente Pastor

Hay ausencias que se notan, sobre todo la de grandes hombres como el Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien nos dejó hace veinte años, un 9 de abril, y hoy sigue recibiendo el merecido tributo y homenaje de la gente de bien, más allá de credos e ideologías.

El valeroso prelado católico está también presente en Lo Espejo a lo largo de Avenida Central, una de las más extensas de la comuna, y acerca de la cual las nuevas generaciones deben tener en cuenta que la amplia vía por la que circulan día a día se llama Avenida Central Cardenal Raúl Silva Henríquez, lo cual muchas veces se olvida en el tráfago cotidiano.

 “Un buen pastor cuida a todas sus ovejas. Un buen pastor no descansa hasta encontrar a las ovejas perdidas. Un buen pastor enfrenta a los lobos y está dispuesto a dar la vida por su rebaño. No son muchos, y cuando faltan se nota. Por razones de justicia y gratitud, no quiero dejar pasar este 9 de abril sin recordar a monseñor Raúl Silva Henríquez, un buen pastor que murió en un día como hoy hace exactamente 20 años”, señala en el diario La Tercera de hoy el columnista Patricio Zapata, quien nos interpreta plenamente.

A don Raúl le correspondió ejercer la jefatura de la Iglesia Católica en los tiempos más difíciles de nuestra historia contemporánea, y lo hizo sobre todo con valentía. Más allá de su sotana de cura Salesiano fue sin duda un hombre de Dios con los pies bien puestos en la tierra, un hombre de acción, sobre todo en los tiempos de la dictadura militar, cuando no le tembló la voz para denunciar los crímenes y abusos que el régimen que encabezó Augusto Pinochet cometió contra quienes no se inclinaban ante su tiranía.

Silva Henríquez defendió hasta cuando pudo los llamados Cuerpos de Paz, creados en octubre de 1973 y que unían a todas las iglesias en tiempos en que el terror de Estado no tenía contrapeso. A partir de esa organización creó, a principios de 1976, la Vicaría de la Solidaridad para socorrer física y jurídicamente a los perseguidos por el gobierno de facto y enfrentando, tanto epistolarmente como en intervenciones públicas, al dictador y a sus adláteres.

SILVA HENRÍQUEZ, EL POLÍTICO

Ya mucho antes del Golpe de Estado, el Cardenal Silva Henríquez tal vez previó la tragedia que se aproximaba en Chile. Por ello, a mediados de 1973 intentó que el ex Presidente DC, Eduardo Frei Montalva, se reuniera con su sucesor Salvador Allende, para encontrar la fórmula de distender la peligrosa situación política cercana a estallar. El propio Allende se lo pidió:

“Cierta noche en que yo iba a cenar con el ex Presidente Eduardo Frei, Allende me llamó con urgencia y me pidió que fuera a verlo por unos minutos, aunque retrasara mi llegada a la cena. Ahí planteó directamente que su aspiración era conversar en privado con Frei, porque decía que, frente a frente, ambos podían resolver todos los malentendidos y desacuerdos que estaban haciendo ingobernable al país”, relata el cardenal en sus Memorias.

El cardenal se lo dijo a Frei durante la cena.

“Don Raúl, si usted me lo pide como católico yo debo decir que sí, porque usted es mi pastor. Pero si me lo pide como político, debo decir que no”, le señaló Frei.

“Se lo pido como católico, contesté”.

En la casa de Frei, en calle Hindenburg en Providencia, el cardenal Silva Henríquez notó de inmediato que Frei guardó silencio, que dudaba. Entonces cometió una imprudencia: “Por mi deseo exagerado de persuadir a Frei llegué a decir una barbaridad: dije, ‘si tuviera que analizar cuál gobierno ha sido más cristiano en su cercanía con los pobres, si el anterior (el del propio Frei Montalva) o el actual, me costaría elegir’. Entonces supe que había herido a Frei como nunca antes. Se produjo un silencio tremendo y la cena terminó a los pocos minutos”.

Frei le contestó a los días con una carta: le dijo que, dada la situación política del país y sobre todo las discrepancias entre Allende y los partidos de la Unidad Popular, era imposible cumplir con su petición “como católico”.

En agosto de 1973, Allende lo llamó de nuevo. Le dijo que era urgentísimo, que había que retomar la posibilidad de llegar a un entendimiento con la DC, y le pidió que hablara con Aylwin. El prelado lo hizo, y también llamó a Frei para contarle que organizaría el encuentro, y los invitó a cenar a su casa.

El cardenal rememora: “Allende me dijo que no podía seguir contando con la dirección de la Unidad Popular y estaba decidido a tomar iniciativas personales para resolver la crisis”.

Allende hizo gala de su buen humor en la cena para tratar de distender el ambiente, pero en el tema de fondo Aylwin habló primero. Lo primero que le dijo a Allende fue que, así como estaba la situación dentro del Gobierno, era imposible llegar a ningún acuerdo, y le enrostró la división dentro del bloque gobernante.

“Presidente, usted no puede estar bien con dios y con el diablo”, recuerda el cardenal que Aylwin le dijo a Allende.

El Presidente agradeció al cardenal la invitación, y también a Aylwin por aceptar compartir la mesa. Era fines de agosto de 1973, y Allende habló en la despedida:

“Esto es Chile. El Presidente de la República, masón y marxista, se reúne con el jefe de la oposición en la casa del cardenal. Esto no ocurre en ningún otro país”. La frase le quedó grabada a Silva Henríquez, y sería la última palabra que escucharía de Allende en persona.

Cuando caminemos por Lo Espejo y su Avenida Central, recordemos que ésta lleva el nombre de un gran hombre, al que hoy rendimos homenaje a 20 años de su despedida, el Cardenal Raúl Silva Henríquez.

 

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